jueves, 23 de abril de 2009

¿Estudiar?

La consolidación del régimen político mexicano posterior a la Revolución de 1910 no puede ser entendida cabalmente sin tomar en cuenta la creación de un aparato educativo inmenso. Las instituciones educativas, particularmente el sistema de educación básica, sirvieron sin lugar a dudas para poder desarrollar un determinado proyecto de nación, para crear hasta cierto punto una cierta identidad mexicana, más allá de la identidad religiosa que podía otorgar la Virgen de Guadalupe, más allá de la identidad que el ser zapatista, villista o carrancista implicaba.
De una u otra forma el sistema educativo, en toda su magnitud, con sus miles de estudiantes y sus millones de burócratas, se convirtió en uno de los mejores (si no el mejor) de los aparatos de dominación de un Estado en construcción, llevando a través de las escuelas “el progreso y la modernidad” a cada rincón del país, enseñando lo que se consideraba conveniente enseñar, pasando por alto aquello que no vale la pena ser recordado.
Enseñando así una historia parcial, en la que sólo los hechos que apuntalan al actual régimen son dignos de ser recordados. Una historia que, por cierto, desaparece poco a poco de los planes de estudios en secundarias y preparatorias.
La tendencia es, lógicamente, preparar mano de obra calificada satisfacer las necesidades del sistema, qué importa si los niveles de desempleo están por los cielos. Nos encontramos así con que en la secundaria 8 horas semanales se dedican al estudio de determinada carrera técnica. No hay nada que evite que, al tener mi titulo de mecánico o de soldador a los 15 años, vaya directo a incorporarme a la fuerza de trabajo sin pensar siquiera en continuar estudiando. Para la preparatoria, lo mismo.
Ni siquiera hablemos de entrar al sistema educativo universitario: la oferta es limitada, los precios elevados, las oportunidades escasas.
¿Para qué estudiar? Parecería ser que el propio sistema educativo frena las capacidades intelectuales, la creatividad propia. No me atrevo a afirmarlo, pero de ser así, vaya paradoja.
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